rezarconlosiconos
 

San José

San José y la sagrada familia
 
 
 
 
 
 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

1.-Introducción

En el capítulo dedicado a Los Desposorios de la Virgen María, se ha tratado extensamente, como no podía ser de otra manera, la figura del esposo: quién era José y por qué llegó a ser esposo de la Theotokos y, con ello, padre putativo de Jesús.

En este capítulo no podremos evitar algunas repeticiones, dado que vamos a hablar del mismo sujeto, y que, si permanece en la historia y nos es pertinente, se debe exclusivamente a su relación con María y Jesús. Pero un personaje tan crucial en la Historia de la Salvación posee en sí un modelo elevado del ser cristiano. Apenas es mencionado en la Escritura, «donde tiene un lugar muy discreto que, en el espíritu del Evangelio, conviene admirablemente al más grande de los santos» (GERARD, Dictionnaire de la Bible, voz Joseph).

Esas virtudes y esa santidad es la que trataremos de descubrir aquí más ampliamente, buscando su mensaje válido hoy para nuestra vida cristiana.

 

2.-La historia

José proviene de la familia real de David, pero las referencias familiares que dan Lucas y Mateo no coinciden en el nombre de su padre: Jacob, según san Mateo, y Helí, según Lucas. No se conocen bien las razones de la discrepancia, si porque su padre tuviera estos dos nombre, o porque uno fuera del padre natural y el otro del legal.

De profesión era carpintero (“La gente de Nazaret dice de Jesús: "¿No es éste el hijo de los carpinteros?", en Mt 13,55), y a esta profesión dedicó su vida laboral, y con toda seguridad enseñaría el oficio a su hijo Jesús. No podemos dudar que ello le permitiría trabajar tranquila y honradamente, ganar dinero con ello y sufragar los gastos habituales de una familia modesta. Debido a su compromiso con la Virgen María, el pueblo cristiano pronto le conoció como “el Esposo” o el “Prometido”.l

Este fue el segundo matrimonio de José, del primero tuvo seis hijos: cuatro varones y dos mujeres y, quizá por ello, aparecen en el Evangelio citados “los hermanos de Jesús” 
Entonces le avisaron: «Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte» (Lc 8,20).

Tras los conocidos momentos de la infancia en los que José aparece como cabeza de familia, que terminan con la vuelta a Nazaret desde el exilio de Egipto, la Escritura no vuelve a mencionarle hasta que Jesús, cumplidos los doce años, se “pierde” en Jerusalén, durante las fiestas pascuales. Encontrado en el Templo, la vuelta al hogar familiar y el paso del tiempo es resumido por Lucas, diciendo:
«Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres» (Lc 2, 51s)

 

No es aventurado decir que murió en la mejor compañía: en brazos de María y acompañado de Jesús. Las leyendas dicen que José vivió por más de cien años y que fue sepultado
El cuerpo de san José fue sepultado en el valle de Josafat, como dice Beda., y cerca del sepulcro, donde después fue también depositado el cuerpo de la sacratísima Virgen en el mismo valle, entre el. monte Sión, y el monte de los Olivos,-como dice Buchardo; queriendo nuestro Señor, que los sepulcros del esposo y esposa, que tanto, y tan puramente se habían amado, fuesen juntamente de los fieles reverenciados (La leyenda dorada).

 

Sobre lo que se puede decir de san José, con gran sentido común nos habla Santiago de la Vorágine:
«Lo que tenemos cierto de la vida del glorioso san José, esposo de la Virgen María nuestra Señora, se ha de sacar del sagrado Evangelio…Pero para mejor rastrear, e investigar las virtudes y merecimientos de san José, primero se ha de presuponer el fin, para que le escogió Dios, y los oficios que le dio: porque es cierto y averiguado, que juntamente lo adornó do todas aquellas virtudes y dotes, que para bien ejercitarlos eran menester. Escogiólo el Señor para esposo y verdadero marido, fuera del uso conyugal, y por consiguiente de esto, para cabeza, y superior de nuestra Señora la Virgen María, y juntamente para padre putativo de su unigénito y benditísimo Hijo. Escogióle, para que guardase aquel graciosísimo templo de Dios; aquél sagrario del Espíritu Santo; la riquísima recámara de la santísima Trinidad; para quo acompañase a la que tenía al Verbo eterno en sus entrañas» (La leyenda dorada, día 19 de marzo.

 

Este acercamiento a la persona de José, lo hace La Leyenda dorada con verdadero «temor y temblor»
Pues para cumplir con oficios tan altos de esposo de la Madre, y de padre putativo del Hijo de Dios, ¿quién podrá explicar ó comprenderlos dones divinos, y las virtudes admirables de san José?
«Por esto dicen algunos graves doctores que, cuando José se desposó con la Virgen, no había en el mundo varón más perfecto y santo que él, ni quo fuese más digno de aquella soberana y celestial compañía». (Santiago de la Vorágine, La Leyenda dorada, 19 de marzo)

No se conocen las circunstancias de la muerte de José, pero muy probablemente murió antes del inicio de la vida pública de Jesús. Las palabras «Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio” (Jn 19,26s) permiten afirmar que había muerto antes de la crucifixión. 

 

3.-Los textos

"La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

 

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”» Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer. Y sin haberla conocido, ella dio a luz un hijo al que puso por nombre Jesús” (Mt 1, 18-25)
 

4.-La iconografía

La iconografía temprana de san José, que aparece en los iconos de la Natividad con la imagen de José como un anciano doblado por el peso de la confusión y la falta de certezas sobre el embarazo de María es, en su mayor parte, consecuencia de las fantasías de la literatura apócrifa, ayudada por la reserva de los textos evangélicos.

A partir de la aprobación del culto de la Theotokos, en el Concilio de Éfeso (año 431), comenzó el desarrollo del ciclo iconográfico la Virgen y, como consecuencia lógica, , comenzó a tomar cuerpo la formación de la iconografía de José. 

Hasta este momento, el prometido esposo de María no entra en el campo de visión de los intereses de los artistas. La figura masculina que acompaña a la Virgen María en la escena "La Adoración de los Reyes Magos" que encontramos en los mosaicos de la Basílica de Santa Maria Maggiore, en Roma, que antes se confundía con la imagen de José, está siendo revisada en el sentido de atribuirla a Balaam, que profetizó la venida de Cristo .Adoracion-de-los-Magos_432-440_Mosaico-Basilica-de-Santa-Maria-la-Mayora Balac, rey de Moab:
"Oráculo del que escucha palabras de Dios y conoce los planes del Altísimo, que contempla visiones del Poderoso,  que cae en éxtasis y se le abren los ojos: Lo veo, pero no es ahora, lo contemplo, pero no será pronto: Avanza una estrella de Jacob, y surge un cetro de Israel. Aplasta las sienes de Moab" (Núm 24, 16s)

Un año después de Nicea, el Papa Sixto III construye la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma, como el primer templo romano dedicado específicamente a la Virgen María. Los mosaicos del arco triunfal de la basílica presentan un diseño iconográfico que resalta la naturaleza Divina del Niño Jesús y glorifica a María como Theotokos. María está presentada con lujosa túnica propia de la realeza y diadema en la cabeza. 

En todas las escenas que ilustran la historia de la Santísima Virgen aparece José, aunque está a cierta distancia de María. Generalmente, José es representado como un varón no muy mayor, notable pelo negro y barba recortada, vestido como un ciudadano romano con túnica blanca y «clavis» y palio dorado.

 

 

Para la iconografía de José, el mosaico "El sueño de José" en el arco triunfal de Santa Maria Maggiore es sumamente importante. Representa la escena que cuenta Mateo
el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo»(Mt 2, 13).

La figura de José dormido tendido en el suelo y el ángel inclinado sobre él se convertirán en el esquema compositivo que se repetirá en el arte cristiano a lo largo de todos los siglos posteriores.

Con el título único de “El sueño de José” hay multitud de imágenes que desarrollan de forma casi idéntica la escena evangélica antes considerada.

-Sueno-de-Jose_SigloXI_Fresco-Iglesia-de-la-Asuncion-de-la-Santisima-Virgen-Maria_Ateni-Sioni_Georgia.

 
 
 
 
 
Buena prueba de ello son el mosaico de la Iglesia de la Asunción de la Santísima Virgen María, Ateni Sioni, Georgia, del siglo XI, 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Y el cuadro “El sueño de san José”, de George de la Tour, de 1640, que se conserva en el Museo de las Bellas Artes, en Nantes. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

5.-La fiesta

Existe un cierto silencio sobre san José durante los primeros siglos, en lo que se refiere a su culto público. Se encuentra antes en la Iglesia oriental, donde la tradición sitúa los comienzos en el siglo II, y de forma más clara en los siglos IV y V. En la parte latina sus inicios son del S. IX, sin que se generalice hasta el S. XIII (Cfr. BONIFACIO LLAMERA, Teología de san José, BAC 168, pág338).
 
En los siglos VII-VIII aparece el nombre de San José en los calendarios litúrgicos y en los martirologios. En 1129 ya se conoce una iglesia dedicada a san José en Bolonia (Italia). En esta época, se encuentra en Palestina una iglesia, restaurada por los cruzados con la inscripción Joseph virum Mariae (José, esposo de María). En este siglo XII está el gran devoto de María San Bernardo (+1153), que también fue muy devoto de San José. Otros grandes panegiristas o eminentes propagadores de la devoción a San José fueron: Santo Tomás de Aquino (+1274), Santa Gertrudis (+1310), Santa Margarita de Cortona (+1297), Santa Brígida de Suecia (+1373), San Vicente Ferrer (+1419), San Bernardino de Siena (+1444)…
 
Es de destacar entre todos los devotos de San José a Juan Gerson (1363-1429), Y compuso un inmenso poema a san José de 4,800 versos, llamado Josephina. Otro gran devoto de San José fue Isidoro de Isolano, que en 1522 escribió un tratado sistemático sobre San José. Se llama Summa de donis sancti Joseph (Conjunto de dones de San José). A partir del siglo XVI, tomó mucho impulso esta devoción especialmente con el testimonio de santa Teresa de Jesús (+1582), de san Juan de la cruz y de los carmelitas en general Polonia (ÁNGEL PEÑA O.A.R., San José el más santo de los santos)
 
A partir del siglo XVII la acción oficial de la Iglesia romana se acelera:
El Papa Gregorio XV en 1621 estableció la fiesta de san José.
Benedicto XIII en 1726, colocó a san José en la letanía de los santos. 
En Brasil, en el siglo XVIII, se difundió la devoción a los Tres Corazones de Jesús, María y José. 
En 1870, el Papa Pío IX lo nombró patrón de la Iglesia universal. 
León XIII, en la encíclica Quamquam pluries, en 1889, exhorta a rezar el rosario e invocar a san José. 
En 1955, Pío XII, instituye la fiesta de san José obrero el 1 de mayo. 
Juan XXIII lo nombra patrono del concilio Vaticano II y coloca su nombre en el canon de la misa. 
En 1989, el Papa Juan Pablo II publicó la exhortación pastoral Redemptoris custos (custodio del Redentor) y el año 2004 regaló su anillo papal para el cuadro de san José de su iglesia natal de Wadowice, en Polonia (ÁNGEL PEÑA., O.C.)
 
Su fiesta se celebra doblemente en el Occidente cristiano: el día 19 de marzo, como solemnidad propia de su papel patriarcal en la Historia de la Salvación; y el día 1º de mayo, fiesta de san José Obrero, cristianizando la reivindicativa fiesta pagana que desde mediados del XIX celebraba ese día la clase trabajadora. Fue instituida así por Pio XII el 1 de mayo de 1955:
Aquí, en este día 1º de mayo, que el mundo del trabajo se ha adjudicado como fiesta propia, Nos, Vicario de Jesucristo, queremos afirmar de nuevo solemnemente este deber y compromiso, con la intención de que todos reconozcan la dignidad del trabajo y que ella inspire la vida social y las leyes fundadas sobre la equitativa repartición de derechos y de deberes. (PIO XII, alocución el 1º de mayo de 1955)
 

6.-Reflexión teológica

Homilía del Papa Francisco 
"Hemos escuchado en el Evangelio que «José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer» (Mt 1,24). En estas palabras se encierra ya la misión que Dios confía a José, la de ser custos, custodio. Custodio ¿de quién? De María y Jesús; pero es una custodia que se alarga luego a la Iglesia, como ha señalado el beato Juan Pablo II: «Al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo» (Exhort. ap. Redemptoris Custos, 1).
 
¿Cómo ejerce José esta custodia? Con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad total, aun cuando no comprende. Desde su matrimonio con María hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años, acompaña en todo momento con esmero y amor. Está junto a María, su esposa, tanto en los momentos serenos de la vida como en los difíciles, en el viaje a Belén para el censo y en las horas temblorosas y gozosas del parto; en el momento dramático de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo; y después en la vida cotidiana en la casa de Nazaret, en el taller donde enseñó el oficio a Jesús.
San José, dudando
¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio;  y eso es lo que Dios le pidió a David, como hemos escuchado en la primera Lectura: Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu. Y José es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas. En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, para salvaguardar la creación.
 
Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios.
 
Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.
 
san-jose_confortado-por-angelQuisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro. Pero, para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.
 
Y aquí añado entonces una ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura.  (Homilía del Papa Francisco, el 19 de marzo de 2014, en la plaza de san Pedro, en la misa de inicio de su pontificado)
 
. En la literatura sagrada, se establece un paralelo entre las imágenes de José, María y Jesucristo, la Iglesia. Así como José el prometido se convirtió en el protector de María, cabeza de familia, Cristo se convirtió en el guardián y cabeza de la Iglesia. 
 

7.-La devoción popular

 
 
"La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado.  Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.  Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». 
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta:  «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”»*. Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer". (Mt 1, 18ss) 
 
 
 
 
Homilía del Papa Francisco 
"Hemos escuchado en el Evangelio que «José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer» (Mt 1,24). En estas palabras se encierra ya la misión que Dios confía a José, la de ser custos, custodio. Custodio ¿de quién? De María y Jesús; pero es una custodia que se alarga luego a la Iglesia, como ha señalado el beato Juan Pablo II: «Al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo» (Exhort. ap. Redemptoris Custos, 1).
¿Cómo ejerce José esta custodia? Con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad total, aun cuando no comprende. Desde su matrimonio con María hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años, acompaña en todo momento con esmero y amor. Está junto a María, su esposa, tanto en los momentos serenos de la vida como en los difíciles, en el viaje a Belén para el censo y en las horas temblorosas y gozosas del parto; en el momento dramático de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo; y después en la vida cotidiana en la casa de Nazaret, en el taller donde enseñó el oficio a Jesús.
San José y el Niño¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio;  y eso es lo que Dios le pidió a David, como hemos escuchado en la primera Lectura: Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu. Y José es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas. En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, para salvaguardar la creación.
Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios.
Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.

Aparicion-de-un-angel-a-Jose-en-un-sueno_sigloX_Fresco-Iglesia-de-Santa-Maria_ Foris-Portas_astelseprioQuisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro. Pero, para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.
Y aquí añado entonces una ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura.  (Homilía del Papa Francisco, el 19 de marzo de 2014, en la plaza de san Pedro, en la misa de inicio de su pontificado)
 
 
 
 La devoción popular
-angel-apareciendo-a-Jose_sigloX_Miniatura-Minologia-de-BasilioII_Pag-273.
 
 
 
Nace de la escarchada fresca rosa 
dulce abeja, y apenas aparece,
cuando a su regio natalicio ofrece
tutela verde, palma victoriosa.
 
Así Rosa, María, más hermosa,
concibe a Dios, y el vientre apenas crece, 
cuando es, de la sospecha que padece,
el Espíritu Santo Palma umbrosa.
 
Pero cuando el tirano, por prenderlo, 
tanta inocente turba herir pretende,
sólo Vos, ¡oh José!, vais a esconderlo:
 
para que en Vos admire, quien lo entiende, 
que Vos bastáis del mundo a defenderlo,
y que de Vos, Dios solo le defiende.
(Sor Juana Inés de la Cruz) 
 
  
Letanías de San José
 

-Señor, ten piedad.                                                           (Se repite)
-Cristo, ten piedad.
-Señor, ten piedad.
-Cristo, óyenos.
-Cristo, escúchanos.

-Dios, Padre celestial                                                        Ten piedad de nosotros
-Dios Hijo, Redentor del mundo
-Dios Espíritu Santo
-Santa Trinidad, un solo Dios


San José, el niño y la vara enflorecida-Santa Maria,           Ruega por nosotros
-San José
-Ilustre descendiente de David
-Luz de los patriarcas
-Esposo de la Madre de Dios
-Custodio purísimo de la Virgen,
-Nutricio del Hijo de Dios
-Diligente defensor de Cristo
-Jefe de la Sagrada Familia
-José justo
-José casto
-José prudente
-José fuerte
-José obediente
-José fiel
-Espejo de paciencia
-Amante de la pobreza
-Modelo de obreros
-Gloria de la vida doméstica
-Custodio de vírgenes
-Sostén de las familias
-Consuelo de los desdichados
-Esperanza de los enfermos
-Patrono de los moribundos
-Terror de los demonios
-Protector de la santa Iglesia.

 

-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo            Perdónanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo            Escúchanos, Señor
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo           Ten piedad de nosotros.


V. Lo nombró administrador de su casa.
R. Y señor de todas sus posesiones.

 

8.-Oración

¡Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir a San José para esposo de tu Santísima Madre!; te rogamos nos concedas tenerlo como intercesor en el cielo, ya que lo veneramos como protector en la tierra. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.